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LA DIÓCESIS DE TLAXCALA Con la llegada de los primeros religiosos al Nuevo Mundo, surge la fe cristiana en Tlaxcala. En 1519 con las tropas de Hernán Cortés llega el sacerdote del clero secular: Juan Díaz, es el primero que celebra la misa en Tierra firme (Champotón) y también el primero que celebra la misa en tierra tlaxcalteca (Tizatlán); bautiza a los cuatro Tiaxcas-Señores que gobernaban la antigua República de Tlaxcala: en Tizatlán: Xicoténcatl; en Ocotelulco: Maxicatzin; en Tepecticpac: Tlahúixolotzin; en Quiahuiztlán: Zitlalpopocatl, en 1520. Coloca la Cruz y la Virgen llamada la Conquistadora en la casa de Xicoténcatl, sellando así la alianza española-tlaxcalteca el 23 de septiembre. Con esta alianza nace un nuevo pueblo, una raza nueva, una lengua nueva y una religión nueva.
El 13 de agosto de 1523 llegan a México: Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Ahora y Fray Pedro de Gante quienes de paso por Tlaxcala catequizan. El 13 de mayo de 1524 llegan los doce franciscanos al mando de Fray Martín de Valencia, entre ellos Fray Toribio de Benavente, a quien en Tlaxcala le llaman “Motolinía”; tres de estos doce permanecen evangelizando en Tlaxcala y residiendo donde hoy es la actual Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en la ciudad de Tlaxcala. El 13 de octubre de 1525, el Papa Clemente VII eleva como Diócesis a Tlaxcala, la primera del Nuevo Mundo en tierra firme, y en 1527 toma posesión de ella Fray Julián Garcés OP; entre su labor evangelizadora destaca la lucha por la dignidad y respeto de los indígenas, mediante la aplicación de la Bula Sublimis Deus del Papa Pablo III, del año 1537. El cambio de la sede de Tlaxcala a Puebla se concedió en 1541, pero fue hasta en 1543, un año después de la muerte del obispo Garcés, cuando se hizo efectivo. Pese a todas las circunstancias, la evangelización realizada por los frailes es de gran valor; ellos respetaron mucho la organización social y territorial de los indígenas. En vista de que la conversión de los indígenas adultos no parecía empresa fácil, ya que estos se inclinaban con prontitud a mezclar su religión con la cristiana, los misioneros decidieron, con gran sentido de pragmatismo y astucia, evangelizar a los hijos pequeños de los caciques. Para tal efecto crearon en Tlaxcala un internado en donde aquellos infantes pudieran recibir una educación intensiva que no sólo incluyera las bases de la nueva religión, sino también conocimientos de la cultura europea. Así los indígenas aprendieron el castellano y el latín, la pintura renacentista y la música polifónica entre otras artes y manualidades. Los frailes trabajaban en la conversión de los niños y jóvenes, pero también intentaban, por medio de ellos, minar el paganismo de los adultos. Esto llegó a provocar algunos sucesos trágicos, con los cuales se había de inaugurar el martirologio mexicano cuando en 1527, en Atlihuetzía es martirizado el niño Cristóbal y dos años después otros dos niños de la escuela franciscana: Antonio, miembro de la nobleza de Tizatlán y Juan su sirviente, victimados por nativos de Cuautinchan, Puebla. Los tres niños mártires tlaxcaltecas fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II en mayo de 1990. Un signo especial de la Providencia Divina en nuestra tierra, fue sin duda la aparición de la Virgen María en las faldas del cerro de “los ocotes”, de la ciudad de Tlaxcala, en el año de 1541 a un indígena catequista del convento franciscano: Juan Bernardino. Nuestra Señora de Ocotlán recibe la pleitesía de los tlaxcaltecas, mexicanos y extranjeros en su majestuosa Basílica que los indígenas le construyeron. Un siglo después, en 1631, la aparición del Arcángel San Miguel al indígena Diego Lázaro, entre Natívitas y Cacaxtla ocasionó la construcción de un Santuario, obra de D. Juan de Palafox y Mendoza, destino de numerosas peregrinaciones no sólo a nivel nacional sino internacional. En 1676 se realizó la información canónica de las apariciones con el aporte y examen de 12 testigos, cuyo documento final se archiva en la Curia Diocesana.
Aunque la sede episcopal fue trasladada a Puebla, se siguió llamando Diócesis de Tlaxcala, hasta que en 1903 fue erigida como Arquidiócesis con el nombre de Puebla de los Ángeles. 56 años después, el 23 de mayo de 1959 el Papa Juan XXIII, mediante la Bula Christianorum gregem, reinstaura la Diócesis de Tlaxcala, conformándola con el territorio geográfico estatal. El 11 de noviembre del mismo año se ejecuta la Bula erigiendo como sede catedralicia al templo parroquial de San José de la ciudad de Tlaxcala, al día siguiente, 12 de noviembre es ordenado como su primer obispo: D. Luis Munive Escobar.
A Mons. Munive Escobar correspondió organizar la vida, el apostolado y la pastoral de la Diócesis de acuerdo a las directrices y al espíritu trazados por el recién celebrado Concilio Ecuménico Vaticano II. El 18 de mayo de 1975 se traslada la nueva sede de la Catedral de Tlaxcala al Ex Convento franciscano, la actual Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Se sientan las bases para la creación de un Plan Diocesano de Pastoral. El 1 de abril de1989 una grave enfermedad postra a D. Luis Munive en un estado delicado de salud que le impidió continuar su labor en la Diócesis, quedando la sede episcopal vacante por cerca de dos años.
El Papa Juan Pablo II nombra como Obispo Coadjutor de la Diócesis de Tlaxcala a Mons. Jacinto Guerrero Torres el 4 de noviembre de 1990; el mismo Santo Padre lo ordena obispo en la Basílica de San Pedro en Roma, el 6 de enero de 1991 y toma posesión el 20 de enero del mismo año. Mons. Luis Munive muere el 25 de mayo del 2001. Mons. Jacinto Guerrero Torres consolida los esfuerzos pastorales y el espíritu renovador conciliar de su antecesor. Se levanta el 1er. Censo Diocesano para la elaboración de los planes de pastoral (1996-2000, 2003 - 2006) que junto con las anuales Asambleas Diocesanas impulsan la vida y la acción pastoral orgánica y planificada de la Diócesis.
Mons. Guerrero Torres marca así la ruta pastoral de la Diócesis: “Urge manifestar en nuestra Pastoral un dinamismo nuevo, con mucho entusiasmo y teniendo iniciativas concretas, no hay lugar ni para el conformismo, ni para la indiferencia, la Voz de mando de Cristo es: “Remen mar adentro”. Una delicada intervención quirúrgica, que dejó como secuela una difícil recuperación, desencadenó la muerte de Mons. Jacinto el 27 de diciembre del 2006. El 28 de marzo del 2008 el Papa Benedicto XVI nombra como IIIer. Obispo de la Diócesis de Tlaxcala a Mons. Francisco Moreno Barrón, hasta entonces Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Morelia y toma posesión de la misma el 28 de mayo.
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